
A pesar de que esta novela ha sido reescrita y arreglada por mí, debo aclarar que en su origen fue una obra de mi progenitor. Éste, según la fecha que encontré en una de sus hojas, comenzó a escribirla allá por 1939, apenas finalizada la Guerra Civil Española, en la ciudad de Barcelona tras un viaje que realizó por Inglaterra y Francia y del que tuvo que regresar a causa del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Años después, en 1952, mis padres y yo llegamos al puerto de Buenos Aires y de allí al interior residiendo —casi de inmediato— en la provincia de Santiago del Estero. En ese tiempo mi padre, debido a sus arduas ocupaciones, pero quizás también por otros motivos que jamás descubrí, abandonó la escritura.
En 1983, un año y algunos meses después de su muerte —mientras hacía las tareas de la casa— al poner en orden uno de los armarios encontré una caja en la que yo sabía se hallaban (guardadas y ordenadas) todas las cosas de mi padre: papeles, antiguas cartas, fotografías y muchas otras cosas más, entre las que se encontraba su novela inconclusa. Su título: Batalla de Rapaces... y no tenía fin, pero al ojearla comprendí que estaba casi en la conclusión de la misma.
Sin pérdida de tiempo me puse a investigarla minuciosamente. El argumento, así como la narración y buena parte de su gramática, fueron de mi agrado. Estaba escrita en una lengua añosa, usando términos y palabras pasadas de modas, además de eso, la historia, aunque buena, era demasiado lacrimógena, aséptica y moralista. Carecía por completo de escenas de amor y erotismo. No obstante eso seguía pareciéndome bastante buena. Además, estaba sorprendida; jamás hubiera creído a mi padre interesado en escribir una novela de este género (un drama romántico) puesto que sus relatos y cuentos favoritos siempre habían sido los bélicos, principalmente los que hablaban de piratas, bandoleros, antiguas batallas y heroicas epopeyas.
Después de penetrar en el argumento de esta novela, varias veces, lo guardé todo. Pasarían muchos años hasta que volviera a leerla y me decidiera a rescribirla.
En 1993, alentada por los propios cuentos y leyendas que mis progenitores siempre me habían relatado, yo también me encontraba inmersa en la creación de una novela histórica-romántica que por años había estado dándome vueltas en la cabeza.
A finales de 1997, terminada la primera parte de mis propios manuscritos, comencé a pensar en arreglar la novela de mi padre que permanecía durmiendo su siesta de décadas.
Y así, una mañana de invierno, puse manos a la obra.
Además de buscarle un final, cambié muchas de sus frases arcaicas, le di profundidad al texto agregándole otras escenas, principalmente de amor y erotismo, y, en resumen, haciéndola más actual. Pero siempre conservé el argumento original de la misma.
En 1998 la pasé a la computadora dejándola allí hasta que llegara el momento de que al fin pudiera... ver la luz
Clic aquí para decargar Batalla de rapaces de nuestra Libería.